16 de septiembre de 2017

M004 - El conceto es el conceto

El relato de esta semana mereció la pena ya por una única cosa, que es acuñar el término abrazapulpos para definir a un amante de los krakens. La historia además fue de las que más espontáneas me han venido, como fruto de una conversación con varios compañeros de Steampunk Madrid al hilo de los krakens en el steampunk. Y pensé, "¿un grupo de ecoterroristas que atacan un barco de caza y son luego arrastrados a las profundidades por un kraken? Sí, totalmente, tengo que escribir eso." Y ya de paso podía sacar de nuevo a Cespari, la redactora de aquella solicitud de inversión.

Pero lo primero que pensé es en sacarlo como una nota de prensa, y eso es responsabilidad del departamento de Relaciones Públicas. Así que empecé a imaginar la escena donde se escribe la nota de prensa, edulcorando un acontecimiento tan trágico como un ataque de kraken. Y ya después de haberlo escrito me dí cuenta de que Cristina Souto, que por supuesto es gallega (la segunda ciudadana ibérica que sale en este mundo, junto a Verónica Arrieta), dice aquello de "error de concepto"... y me acordé una película que es de las pocas españolas que disfruto cada vez que la veo, Airbag, y de Pazos, ese mafioso gallego que dice aquello de "el conceto es el conceto".

El relato hace una crítica nada velada a los fanáticos ecologistas en clave de humor, llevando al extremo las actuaciones de algunos (pocos, y lo puntualizo) y sus trágicas consecuencias en este mundo donde lo más peligroso del mar no son las tormentas o los tiburones, sino unos bichos enormes llenos de tentáculos y mala leche. Y no, ni son naturalmente pacíficos ni empatizan con los humanos, y esta gente de la PPK lo descubre en primera fila, pobres ingenuos. Las reflexiones que eso genere os las dejo a vosotros. Lo cual me recuerda que sí, que la escena del B1 atrapando entero al Furioso y hundiéndolo está inspirada por Piratas del Caribe, no sea que alguien me acuse de plagio. Y último detalle, Maark Joensen (el chico que decide que cazar krakens igual no es lo suyo) es el hermano menor de Niels Joensen, que aparece en Aire y agua.

13 de septiembre de 2017

Un error de concepto

Selminne Cespari no estaba teniendo un buen día. No hacía más que dar vueltas por su despacho mientras los demás la observaban en silencio. Al otro lado del alto ventanal reforzado, la gente de Krakensport se refugiaba del clima lluvioso tan típico de las Islas Feroe en esa época del año.

-No nos basta con perder barcos a manos de las presas, no, - sin mirar a nadie en concreto, agitó todos los dedos en un movimiento reflejo al referirse a los tentáculos, una costumbre extendida entre muchos empleados, como una superstición - sino que ahora también tenemos en escena a un grupo de ecologistas radicales para facilitarles el trabajo.

-Se hacen llamar Plataforma Pro Kraken, Minne. - Desde su cómoda butaca en un lateral de la estancia, Cristina Souto dió un sorbo a su sempiterno café, que formaba ya parte de su imagen: cada vez que alguien iba al departamento de Relaciones Públicas, allí estaba ella con su taza humeante.

-¿Qué más sabemos de esos locos?

-Otros oficiales comentan desde hace meses que han divisado su pequeña flota siguiéndoles en la lejanía. - El fornido marino de poblado bigote retorcía en sus manazas el gorro de lana con el que solía cubrir su calva. - A veces se acercan con pancartas, otras veces gritan por megáfonos, pero nunca se habían atrevido a tanto.

-No había salido en ninguno de los informes periódicos. - La mirada furibunda que les dirigió al capitán y su joven tripulante les hizo hundirse en sus asientos. - ¿Por qué?

-Si me disculpan - intervino Souto, tratando de relajar el ambiente - voy a empezar a redactar la nota de prensa. - Pulsó un botón en su autómata escribano, a efectos prácticos una máquina de escribir con orejas, e inició su relato:
El pasado 3 de mayo el navío de nombre Furioso de la Compañía del Atlántico Norte sufrió un abordaje hostil por parte de un grupo autodenominado Plataforma Pro Kraken, que exigieron detener inmediatamente las labores de pesca habituales.
El texto empezó a aparecer por una rendija a la vez que el dispositivo montado en un soporte con ruedas traqueteaba y tintineaba.

-Mis hombres se resistieron con fiereza, señora directora, pero una vez que amenazaron con hundir el buque con los cañones de sus interceptores yo mismo di la orden de deponer las armas... - No parecía orgulloso de lo que había hecho en absoluto, y demostraba ser consciente de la fama de la responsable de Recursos Humanos de la Compañía, por lo que intentaba aplacarla todo lo posible. Era llamativo ver al hombretón encogerse frente a la menuda mujer de pelo castaño y anteojos estrechos.

La jefa de Relaciones Públicas retomó el dictado:
El colectivo, dedicado a la supuesta protección de los krakens como especie, amenazó a los empleados de la Compañía con todo el potencial de fuego de sus barcos, obligando al capitán del navío a ceder el mismo para salvar la vida de los tripulantes. Todos ellos fueron obligados a abandonar el Furioso en los aerobotes de salvamento.
-Y eso me parece la mejor respuesta posible, capitán Haraldsson. - Alzó una mano para cortar las excusas del hombre. - Desde la Compañía no se puede poner tacha alguna a su actuación, sólo lamentar la pérdida del Furioso.

-Le tenía cariño a ese barco… - El capitán dejó la frase en el aire.

-Lo importante es que ningún empleado resultó herido en el incidente, Minne. - Replicó Souto, incidiendo en la reputación de la empresa. Aprovechó para dar otro sorbo a su taza a la vez que se apartaba un rizo dorado de la frente.

-Sí, por supuesto. - Pero siguió dando paseos de un lado para otro por el despacho, como una tigresa enjaulada.

Un trueno lejano llegó desde el exterior, aunque no habían visto ningún destello. El muchacho que acompañaba al veterano cazador se sobresaltó en la silla. Maark Joensen, creyó recordar la directora, una incorporación reciente. Parecía haber quedado afectado por el incidente, aunque tampoco podía culparle, ver a un kraken en toda su gloria en su primer día a bordo… contemplar la muerte tan de cerca podría traumatizar a cualquier feroense adulto a pesar de haber crecido en islas rodeadas de ellos, más aún a un chaval impresionable.

-Menudo puñado de imbéciles, - soltó Cespari tras detenerse de espaldas a la lluvia - ¿qué demonios se piensan que son los krakens, delfines que acompañan alegremente a los barcos, ballenas que salen a respirar a la superficie? Son bestias salvajes y agresivas que sólo emergen para cazar. Como si lo viera, seguro que son todos jóvenes idealistas que no han vivido la época del terror en el mar.

Cristina Souto sonrió al imaginar cómo embellecer aquellas palabras:
Aún admirando el arrojo de los secuestradores y el apego por sus convicciones, esta Compañía quiere incidir en la peligrosidad de su labor para sus empleados, y recordar que hasta la aparición de las tecnologías modernas, el mero tránsito del Atlántico era una empresa riesgosa en grado sumo.
La principal redactora de noticias de la CAN se detuvo y les miró expectante, levantando el dedo del pulsador. Luego preguntó, con curiosidad:

-¿El barco tenía los acumuladores cargados por si acaso, no? ¿Les avisaron, verdad?

-Por supuesto, y aquí el chico se lo podrá confirmar, partió en el último bote conmigo. - El aprendiz asintió rápidamente, ansioso por aportar algo a la reunión. - Pero el líder de esos rufianes insistió en que bajo ningún concepto iban a atentar contra un kraken.

-Así es, directora. - La voz del joven sonaba nerviosa, pues apenas había transcurrido una jornada desde el encuentro y aún estaba parcialmente en estado de choque. - El capitán Haraldsson les advirtió en repetidas ocasiones que estábamos en una zona peligrosa y que ya se habían lanzado los señuelos de caza.

-¡Dijeron que a ellos no les harían nada los krakens! Chiflados de secano… lunáticos todos, se lo aseguro.

-El que los dirigía aseguró que los krakens saben diferenciar amigos de enemigos. - Puntualizó Joensen.

-¿En serio? - Cespari les miraba como si acabaran de cruzar a nado el océano con un sólo brazo mientras cantaban ópera. - Están peor de lo que pensaba.
Los asaltantes quedaron al mando del navío, negándose a emplear el instrumental a bordo para asegurar la integridad del mismo, algo que desde la Compañía se rechaza completamente por temerario.
-¿Están seguros entonces de que no quedó ningún superviviente?

-Ni por asomo, imposible, era un Bestial de los grandes. - Haraldsson negó, y el chico le secundó enfáticamente. - Agarró el barco por tantos sitios a la vez que lo sumergió entero, sin romperlo. Vimos perfectamente todo desde el aire. No hay manera de que nadie escapara la succión que eso genera al descender. Y si lo hizo, quedó flotando en mitad del océano, que estando a 250 kilómetros de las islas como estábamos es una condena segura.

Cespari entendía perfectamente la reacción del muchacho, debió ser una visión espantosa.
La Compañía del Atlántico Norte lamenta el destino de los miembros del colectivo PPK (Plataforma Pro Kraken), que después de expulsar del barco a toda su tripulación original, sufrió el ataque de un kraken de clase B1. Los esfuerzos de salvamento de la CAN no permitieron recuperar ningún cuerpo o superviviente.
Hizo una pausa antes de proseguir. Todos eran conscientes de que la expedición de rescate lanzada de inmediato no había estado destinada a salvar a los poco probables supervivientes, sino a recuperar todo lo posible del naufragio.
Se lamenta igualmente el triste error de concepto demostrado al pensar que los krakens puedan discriminar las intenciones de los humanos con los que se encuentran. La CAN confía en que esto sirva de muestra del comportamiento real de estas peligrosas bestias marinas en futuros debates al respecto.
-Es suficiente, Cristina. - Miró resignada a la otra antes de dirigirse a los testigos. - Pueden marcharse, Capitán. Descansen, usted y toda su tripulación. En los próximos días les asignarán otro buque para retomar las expediciones lo antes posible. - No le pasó por alto la reacción del novato, que se quedó blanco. Tampoco le sorprendió que permaneciera en la silla aún cuando el veterano ya se había levantado y despedido de ambas, dando por sentado que el aprendiz le seguiría en breve.

-¿Señor Joensen? - La redactora le preguntó con educación, sosteniendo la ardiente taza sobre su platillo.

-¿Tiene algo más que contar sobre el incidente?

-Yo… - Pero no levantó la vista de sus pies.

Cristina miró a la directora con una sonrisa amable, como pidiéndole permiso para lo que iba a decir.

-Sospecho que este joven se sentiría más confortable y comprometido con la Compañía en un puesto más… administrativo.

-¿Hay de eso? - Alzó la mirada esperanzado.

-Pero estaría usted muy lejos del mar, señor Joensen. - Cespari le miró severa. - ¿No se alistó deseando surcar las olas?

-Bueno, yo…

-Creo que ha tenido una revelación esta mañana, Minne, y ahora tiene más clara su vocación. Un cambio de rumbo, me atrevería a decir.

El muchacho asintió vehemente, confirmando las palabras de la mujer.

-Está bien - concedió la otra - dígale al secretario cuando salga, el de la mesa grande, que he dado orden de que le coloque en tramitación de pedidos.

-¡Gracias, señora directora! - Y con una reverencia se marchó a la carrera, cerrando la puerta tras de sí con cuidado en el último momento.

Ambas se miraron y suspiraron. Ya eran muchos años juntas en la empresa, muchas situaciones como aquélla.

-Cada vez cuesta más encontrar personal cualificado y con buena disposición, Cris… - Reprochó Cespari, cansada. - No podemos hacer eso con todos, no es sostenible.

-¿No hablamos siempre de la promoción personal y las posibilidades de rotación en nuestros anuncios de selección? - Soltó una risita baja, acostumbrada a darle la vuelta a las cosas para pintarlas más atractivas de lo que eran en realidad. - A éste le ha pasado como a los del PPK, se lanzó sin tener una idea clara de dónde se metía, pero ha tenido ocasión de enmendar su error sin tener que ponerse cara a cara con un B1, le ha bastado con verlo de lejos. - Guiñó un ojo y se puso en pie sin soltar su café. - Anda, voy a sacar copias del comunicado y enviarlo a las sucursales en tierra seca y a los contactos en la prensa. A ver si hay suerte y lo primero que sale es nuestra versión. - Agitó la hoja que había sacado del cuerpo del escribano. - Y esta noche, nos dejamos a los chicos en casa y bajamos las dos al bar. ¿Una hidromiel en memoria de esos suicidas abrazapulpos?

-Hecho.

9 de septiembre de 2017

M003 - El nombre del autómata

El texto de esta semana es el que presenté al concurso de relatos breves del aniversario de Steampunk Madrid de este año, por San Isidro (15 de mayo) que se celebra siempre con un picnic en el Retiro. El relato tenía que estar directamente relacionado con el evento, así que ahí mandé a mi viajero, un personaje indeterminado que bien podría ser yo mismo (aunque no lo podría asegurar) con un plato para participar en el concurso de este año, que no fue otro que un certamen para elegir la mejor tortilla de patatas. Por supuesto, sin cebolla, digan lo que digan esos radicales confundidos de los concebollistas... El texto es canónico en tanto que habla de Madrid, aunque realmente no añade mucha información, pero reconozco que los árboles modificados para que absorban el azufre y la contaminación del aire me resultan atractivos para utilizarlos en otros relatos.

Detalle curioso, los nombres de los autómatas, Luft y Löffel, son palabras alemanas que muy apropiadamente significan Aire (el piloto) y Cuchara (el cocinero). No son los primeros autómatas con nombres en alemán que han aparecido por aquí: ya en Investigaciones inconclusas aparecen los asistentes personajes de Klaus Knudsen, Helm y Kiel, que están nombrados por los términos náuticos Casco y Quilla. ¿Por qué un empresario de los trenes y los dirigibles tiene autómatas con esos nombres? Es una larga historia ;-)

Alguien me preguntó si el nombre de Ruriek, el autómata de Kassius, significa algo. No exactamente, pero es un juego de palabras. El término robot (no nos engañemos, los autómatas son robots en esencia, solo que no se basan en la electrónica, sino en la electromecánica) para designar a un ser artificial lo acuñó Karel Capek en base a la palabra checa que significa trabajo en su obra Robots Universales Rossum, que se abrevia como R.U.R. Y de comprimir R.U.R. con Capek, salió Ruriek, como referencia al padre de la palabra. Así de sencillo.

Esta semana he estado preparando un par de historias cortas, una donde profundizo en el pasado de nuestro ilustre ingeniero persa, Ujarak Soroush, y la región del mundo de la que es originario, y otra donde el personal de la Compañía del Atlántico Norte se enfrenta a un enemigo nuevo, uno con menos tentáculos de lo habitual pero más problemático.

6 de septiembre de 2017

Rivalidad

Antes de llegar, cuando aún era poco más que un punto blanco en el aire sobre las chimeneas de la ciudad, la aeronave apagó sus motores principales y se dejó llevar por su impulso y por el viento hacia su destino. Descendió en silencio, tanto que los patos del estanque apenas tuvieron tiempo de apartarse volando antes de que su barquilla, muy apropiadamente llamada así, hiciera contacto con la superficie. El lago artificial constituía la mejor referencia posible para cualquier aeronauta, y una pista de aterrizaje de lo más conveniente.

-Hemos llegado, amo.

La voz metálica del piloto hizo que el caballero levantara la vista del diario que venía leyendo sobre el castillo de popa, cómodamente sentado en una silla de mimbre bajo palio, y lo dejara sobre una mesita. En la portada aparecía la apertura de un nuevo túnel para el ferrocarril bajo los Pirineos, el cual había sido inaugurado por Su Majestad Imperial la víspera con gran festejo.

-Gracias Luft, - miró su reloj de bolsillo y luego de vuelta a la proa - justo a tiempo.

El pulido autómata con traje de marino hizo una reverencia mecánica y comenzó sin dilación a lanzar los anclajes magnéticos que debían afianzar la nave al embarcadero. Sobre ellos, la suave brisa mecía la bolsa de gas y a sus costados, el viajero reconoció varios monoplazas aéreos y un convertible de vapor y sonrió con anticipación. Sus rivales ya habían llegado. Se puso en pie de un salto y se estiró mientras inspiraba el aire del parque en aquella mañana. Además de acallar el ruido de los automotores, los árboles del Retiro estaban mejorados para atrapar las partículas y el azufre de la combustión del carbón, y eso se notaba al respirar. Ojalá algún día limpiaran todo el cielo de Madrid.

La hierba y las flores no eran los únicos aromas. Bajó las escaleras hasta la cubierta y la cocina le recibió servicial.

-El plato está en su punto óptimo, ¿cómo desea transportarlo?

El torso sobre raíles de su chef autómata se desplazó con agilidad para dejarle paso cuando se acercó a los fogones ambáricos. El pasajero examinó su trabajo con atención y asintió.

-Buen trabajo Löffel. - Pensó por unos instantes y luego le respondió. - En plato de madera bajo servilleta de tela. Incluye un cuchillo grande y un paquete de palillos, por favor.

-A la orden. - Y el cocinero autómata se puso manos a la obra.

Se atusó el chaleco, se echó al hombro su caja de cromotipos y su trípode, y en cuanto los dos sirvientes hubieron completado sus tareas, el caballero bajó por la pasarela de la aeronave llevando orgulloso su paquete cubierto. Ya desde el muelle, se volvió y les dirigió una mirada confiada:

-Ni esos concebollistas podrán resistirse a ésta.

2 de septiembre de 2017

M002 - El alma de la máquina

Esta semana ha salido publicado en el blog un relato corto bastante anecdótico por sí mismo, pero siempre hay una lectura algo más profunda disponible.

Es una vieja idea que lleva rondando mucho tiempo y que Ilustre Zurda me recordaba de vez en cuando que le gustaría ver ejecutada: El reemplazo. Por fin un punto de vista de un autómata convencional, secundarios silenciosos y discretos en tantos momentos. Reconozco que escribir un relato entero en lenguaje máquina puede hacerlo difícil de leer, pero me parecía una oportunidad buena para mostrar cómo imagino el funcionamiento interno de los autómatas, más allá de conceptos rebuscados como matriz de platino y relés de los microtensores, que suenan muy bien pero no son más que tecnocháchara. Sirve además para profundizar un poco en la idiosincrasia de Folkvanger, puesto que ya en el inicio de La frontera borrosa veíamos cómo le desagradaba que Ruriek le llamara amo. Kassius después de todo es alguien de origen social bajo, hijo de gente sencilla y sin pretensiones. Que esté dispuesto a ir tan lejos como para encargar un nuevo cuerpo al que trasladar la consciencia de Ruriek con tal de que deje de llamarle así supongo que dice mucho de él.

He empezado a darle vueltas a qué sucede con Serena después de su accidentada visita a Viena, por cierto.

1 de septiembre de 2017

El reemplazo

--Hilo de procesado activo 23.

--Amo está leyendo una revista. La revista es un catálogo enviado por correo. El catálogo pertenece a la fábrica Von Albrecht. La fábrica produjo la matriz de platino de Ego y todas las piezas del cuerpo de Ego. Los autómatas son el principal producto de la fábrica. Conclusión con 75% de certidumbre: Amo desea adquirir un nuevo autómata.

-Ruriek, ven aquí un momento, por favor.

--Instrucción directa, resto de hilos puestos en suspenso. Respuesta inmediata requerida.

-Sí, Amo.

--Ejecución de rutina de aproximación.

-¿Cuál te gusta más de estos modelos? Y no me llames así.

--Pregunta directa e instrucción directa.

--Examen visual indica catálogo de autómatas Von Albrecht con 97% de certidumbre. Modelos desconocidos. Conclusión con 80% de certidumbre: catálogo más actualizado que Ego. Construyendo respuesta en base a memoria de interacción con Amo.

--Instrucción choca con directiva básica inmodificable. Se activa supresión vocal temporal del literal “Amo” según enmienda 485.

-No sabría decir -supresión del literal “Amo”-. El tercero parece resistente, pero el cuarto indica mayor autonomía en sus estadísticas.

-Lo mismo que había pensado yo, gracias Ruriek.

--Instrucción intuitiva: Amo libera de atención. Reanudación de hilos activos.

--Hilo de procesado activo 23.

--Amo muestra interés por modelo VA93-23K. Posibilidad de adquisición alta. Conclusión con 83% de certidumbre: Amo desea sustituir Ego por modelo más avanzado. Desencadenante emocional intuitivo identificado. Inicio de nuevo hilo.

--Hilo de procesado activo 24.

--Amo desea sustituir Ego por modelo más avanzado. Ego lleva activo 11 años y 260 días. Tiempo desde última actualización: 6 años y 347 días. Conclusión con 43% de certidumbre: Ego ha quedado anticuado. Conclusión sin suficiente confianza para ser aceptada. Hilo puesto en suspenso.

/----/

-Ruriek, por favor, lleva esta carta al buzón internacional de la oficina del correo aéreo.

--Instrucción directa. Ejecución de rutina de aproximación. Ejecución de rutina de aprehensión.

-Sí, Amo.

-Y no me llames amo.

--Instrucción choca con directiva básica inmodificable. Se activa supresión vocal temporal del literal “Amo” según enmienda 485.

-Sí -supresión del literal “Amo”-.

--Ejecución de rutina de desplazamiento. Destino ubicado en memoria de localización: Oficina del correo aéreo. Recuperando patrón de desplazamiento.

--Ejecución de rutina de examen. Identificación de texto en objeto, concordancia con base de datos de texto: ubicación de fábrica Von Albrecht.

--Reanudación de hilo de procesado 24.

--Hilo de procesado activo 24.

--Amo envía carta a fábrica Von Albrecht. Conclusión con 99% de certidumbre: Amo desea sustituir Ego por modelo más avanzado. Conclusión con 99% de certidumbre: Ego ha quedado anticuado. Desencadenante emocional intuitivo identificado. Inicio de nuevo hilo.

--Hilo de procesado activo 25.

--Ego ha quedado desactualizado. Conclusión con 89% de certidumbre: Ego va a ser apagado. Respuesta emocional negativa en grado 2: “tristeza”.

/----/

-Ruriek, ¿qué te parece?

--Pregunta directa. Inicio de examen visual. Patrón identificado: autómata. Coincidencia encontrada: modelo VA93-23K. Patrón identificado: autómata apagado. Construyendo respuesta en base a memoria de interacción con Amo.

-Es un autómata del nuevo modelo VA93-23K de la fábrica Von Albrecht. El autómata está apagado, Amo.

-No me llames Amo. Bueno, es igual.

--Instrucción anulada por Amo antes de procesado.

-Ya sabes lo que toca, imagino.

--Instrucción intuitiva. Reanudación de hilo de procesado 25.

--Hilo de procesado activo 25. Conclusión con 100% de certidumbre: Ego va a ser apagado. Respuesta emocional negativa en grado 3: “miedo”. Conexión intuitiva realizada. Respuesta no solicitada activada.

-No deseo ser apagado, Amo.

-Vamos, Ruriek, no seas miedoso. No pasa nada, es algo normal.

--Instrucción intuitiva. Anulación de respuesta emocional en grado 3: “miedo”. Conexión intuitiva realizada. Respuesta no solicitada activada.

-Ha sido un honor, Amo.

-Venga, menos melodrama…

--Activación externa de llave de desconexión. Suspensión de todos los procesos.

/----/

--Activación externa de llave de desconexión. Reactivación de todos los procesos. Carga de rutinas principales. Detectado equipamiento nuevo. Realizando inventario de equipamiento nuevo en hilo profundo.

-Bienvenido de vuelta, Ruriek.

--Conversación intuitiva iniciada. Reanudación de hilo de procesado 25.

--Hilo de procesado activo 25. Replanteo de conclusiones en hilo profundo. Identificación de conclusión errónea. Construyendo respuesta en base a memoria de interacción con Amo.

-Gracias, Amo. Pensaba que iba a ser apagado permanentemente.

-¿Permanentemente? Te sugiero buscar el error en ese razonamiento, pero en otro momento. Más importante ahora, si te ordeno que no me llames Amo, ¿qué respuesta se activa en tu nuevo cerebro?

--Pregunta directa e instrucción directa diferida. Activación de respuesta simulada a pregunta hipotética. Apertura de hilo en suspensión 26.

-Es una orden asumible, Amo.

-¿No hay ninguna directiva básica inmodificable que se active? ¿Salta la enmienda que te introduje al respecto?

--Pregunta directa y pregunta directa. Activación de respuesta simulada a pregunta hipotética.

-No, Amo, no hay ninguna directiva al respecto. Tampoco se desencadena la enmienda 485.

--Identificada respuesta no verbal: suspiro.

-No, si ya sabía yo que al final acabarían eliminando esa estúpida directiva anticuada de la matriz central si insistía lo suficiente.

--Instrucción intuitiva: comentario requiere confirmación.

-Sí, Amo.

-No, nada de Amo. Nunca más. ¿Me has entendido? No volverás a referirte así a mí en ningún caso, ¿de acuerdo? En lo sucesivo, si has de dirigirte a mí en privado, me llamarás Kassius; si es en público, Herr Folkvanger.

--Instrucción directa múltiple. Análisis en hilo profundo. Conclusión: instrucciones redundantes. Instrucción unificada asimilada. Construyendo respuesta en base a nueva instrucción.

-De acuerdo, Kassius.

-Así me gusta, Ruriek.

26 de agosto de 2017

M001 - Saludos desde Dresde

Llevaba ya un tiempo valorando la idea de recopilar lo que voy escribiendo del mundo Dresdnerwulf para el blog de Steampunk Madrid o para amigos y finalmente me he decidido a colocarlo todo en el mismo sitio. No sólo está el material ya publicado, sino también varias historias hasta ahora inéditas o que habían tenido un alcance más limitado. Espero ir colocando aquí todo lo que escriba en adelante.

Las entradas como esta primera Meta están pensadas a modo de diario de escritura y para contar cosas varias sobre el proyecto. Idealmente además son el sitio perfecto para interactuar con los lectores.

Ahora estoy trabajando en un relato para presentar al concurso literario de la III Feria Retrofuturista de Madrid (16 de septiembre de 2017), con temática de viajes en el tiempo. 1500 palabras máximo, autocontenido, y con el toque steampunk. Una vez resuelto el concurso aparecerá por aquí (y si hay suerte, estará entre los seleccionados para el blog de SPM, o quién sabe si merecerá el premio del concurso, pero no nos hagamos ilusiones que aquí hemos venido a jugar nada más)

Ando también dándole vueltas a una serie de relatos para profundizar más en la naturaleza de Lemuria y su papel en este mundo fantástico, y abarcarán los años de viajes de Kassius por el mundo, tras los sucesos de Una carga inasumible, pero antes de regresar a Dresde para La frontera borrosa. (Puede que no sea evidente, pero entre ambos han pasado más de cinco años, y el personaje ha cambiado bastante)

¿Has leído algún relato en el blog que te plantee preguntas? Algún día contaré por qué Ujarak Soroush tuvo que huír del Jeque de Hierro... algún día ;-)

25 de agosto de 2017

Solicitud de inversión A167-1

Estimados miembros de la Junta de Accionistas de la Compañía del Atlántico Norte,

Me dirijo a ustedes para llevar ante su atención los acuciantes problemas que están sufriendo últimamente las divisiones operativas de pesca tanto tradicional como mecanizada en lo referente a un espécimen particularmente vicioso en su comportamiento, que ha sido bautizado como Caribdis. Estoy segura de que ya habrán tenido noticias de los recientes acontecimientos según se relata en las circulares 36 y 48 del año en curso, de las cuales paso a incluir extractos que he considerado ilustrativos:


[…] un ataque para el que las defensas resultaron inútiles, incluidos los arpones pneumáticos. La única excepción fueron los acumuladores voltastáticos de descarga del casco, si bien su efecto se apreció notablemente menor que en otras ocasiones. Los supervivientes afirmaron no haber llegado a ver el cuerpo de la criatura puesto que nada más que sus tentáculos aferrando el barco ya superaban en altura al palo mayor y […] 
[…] estimándose en base al tamaño de la ventosas mayores una edad superior a los tres siglos, lo cual le otorga la categoría de tipo A, informalmente denominada “ancestral” por los empleados de la compañía. […]
No se había encontrado a un kraken de estas proporciones y esta virulencia desde los primeros avistamientos de Gargantúa, un macho que nunca ha sido capturado ni estudiado y que ha permanecido ilocalizable durante los últimos quince años […] pero en este caso se trata sin lugar a dudas de una hembra por los patrones confirmados en su piel.

Como ya sabrán, hemos perdido dos barcos en lo que va de año debido a este ejemplar y el Capitán Dubhghaill, Director de Operaciones, cree que la nave perdida en agosto del anterior es muy probablemente achacable a Caribdis de igual manera. Urge tomar cartas en el asunto, así que tras una reunión con él y con Fajra, Primera Mecánica de la Compañía, procedo a remitir una serie de puntos para su consideración. Si bien en esta carta se enumeran someramente, en los anexos se detallan en profundidad, incluyendo las cantidades económicas que se solicitan para el desarrollo e implementación de cada uno:


  • Puesta en funcionamiento de una flota de submarinos de carácter exploratorio para mapear la presencia de krakens potencialmente peligrosos como la que nos ocupa. Los métodos convencionales de detección de presas resultan inefectivos en las zonas de gran profundidad, lejos de la plataforma de las islas, donde habitan especímenes como los citados. Por supuesto, irían equipados con material defensivo de gran potencia, y propulsores reforzados para acciones evasivas. Por favor consultar anexo titulado “prototipo subacuático K3”.
  • Retomar los diseños de la nueva línea de buques de gran tonelaje que fueron abandonados en años anteriores debido a los recortes presupuestarios. Es imperativo disponer de equipamiento de última generación si se pretenden expandir las operaciones más allá de la zona actualmente cubierta, puesto que se entra en territorios ocupados por krakens de clase A y B1.
  • Despliegue de las plataformas de investigación 2 y 3 en las inmediaciones de las zonas de avistamientos, con la correspondiente escolta y provistos de dirigibles de emergencia para evitar repetir el lamentable incidente de la plataforma 1 hace ya tres años.
  • En línea con la anterior propuesta, instalación en ambas plataformas de nuevos sistemas de acumuladores de carga con capacidad para afectar incluso a los clase A. Particularmente en este punto la inversión es totalmente irrenunciable a pesar de su monto: la única medida disuasoria eficaz contra un kraken es la liberación de un acumulador ambárico en el agua, afectando a su delicado sistema nervioso temporalmente y haciéndole huir.
  • Finalmente pero no menos importante, se solicita una partida presupuestaria extraordinaria específica para la contratación de nuevos marineros, incluyendo la parte correspondiente a los seguros de defunción.


Espero que mi participación y respaldo en esta solicitud ayude a ilustrar la gravedad de la situación. Como podrán imaginar, no es un escenario sostenible dada la pérdida de personal cualificado cuya formación ha corrido a cargo de la Compañía, y su obligada sustitución por activos laborales mucho menos experimentados y que por añadidura exigen pluses por peligrosidad.

Quedo a disposición de ustedes para cualquier consulta a plantear con un atento saludo,

Selminne Cespari
Directora de Recursos Humanos
Primer edificio administrativo
Krakensport
Isla de Vágar, Islas Feroe

23 de agosto de 2017

El cerebro de metal

El negro vehículo movido por gas de roca cruzaba una zona industrial a las afueras de Leipzig. El movimiento delataba el mal estado del firme.

-¿No puede decirme nada por adelantado? Lo que sea... - Volvió a insistir al oficial de policía que conducía el automotor. - He dejado de lado varios compromisos para venir aquí con urgencia. Desde Dresde. - Puntualizó.

Pero nuevamente, sólo obtuvo el silencio por respuesta.

El hombre que ocupaba el asiento de atrás suspiró resignado y regresó a su contemplación del deprimente panorama que le rodeaba. No hacía mucho que había bajado del dirigible en el campo aéreo, pero ya durante el viaje hacia allí había estado fijándose en cómo el paisaje cambiaba lentamente desde la agrícola y cultural Dresde, capital de la República, hasta el gris entorno lleno de chimeneas y carente de árboles en que se convertía todo al acercarse a Leipzig, corazón de la maquinaria productiva de Sajonia. Incluso el aire se oscurecía al acercarse a la ciudad. Y su ánimo había cambiado por igual.

Cuando esa misma mañana había llegado a la puerta de su despacho, dispuesto a repasar las notas para una ponencia que debía estar impartiendo, miró su reloj de bolsillo, más o menos en ese momento, un agente de la policía le esperaba con un sobre sellado que contenía un telegrama. Ante su sorpresa, el guardia se había limitado a entregárselo y decirle que tenía órdenes de no partir hasta tener su respuesta.

Kassius Folkvanger había abierto el mensaje, que le pedía su asistencia inmediata en un caso, posiblemente criminal, que la policía especial estaba persiguiendo desde hacía meses. Decía que se requería su conocimiento técnico y que su colaboración y discreción serían muy apreciadas y agradecidas por la República. En virtud del largo historial de ayuda mutua que mantenían ambos cuerpos, la policía secreta y el Instituto de Investigación y Progreso de Dresde al que él pertenecía, y también picado por la curiosidad, todo hay que decirlo, siguió al mensajero uniformado. Sólo se detuvo un momento para dejar aviso de su marcha urgente y disculparse ante sus colegas.

Menos de media hora después estaba en una aeronave pequeña y sin identificación, partiendo de un discreto campo de dirigibles a las afueras, al sur, al otro lado del Elba. A su llegada a Leipzig, tras un centenar de kilómetros por aire, un coche le esperaba para llevarle por el intrincado tapiz de fábricas, almacenes, fundiciones y talleres que constituía el cinturón de la ciudad. El casco histórico de ésta sobrevivía asediado entre el humo de las chimeneas de los trenes, que partían hacia toda la vieja Europa y más allá, hacia tierras exóticas. Los dirigibles podían ser rápidos, sin duda, pero no eran adecuados para mover grandes cantidades de mercancías.

Y por fin, el vehículo se detuvo y Folkvanger salió del mismo sin esperar a que el conductor le abriera la puerta. Se encontró con un edificio triste, con un tejado de metal. Algunas de las altas ventanas estaban rotas, probablemente por niños aburridos con piedras a su alcance y un almacén ante ellos a todas luces abandonado, o eso parecía desde fuera. A su alrededor, en la franja de tierra apisonada y sucia en un lateral de la nave, se encontraban media docena de coches iguales que el que le había llevado hasta allí. Una mujer uniformada se le acercó con paso casi marcial dedicándole un breve saludo. Todo en ella parecía decir que nunca estaba para pérdidas de tiempo. Su simple presencia ya intimidaba lo suficiente, a pesar de no ser especialmente alta.

-Gracias por venir, profesor. - Su voz casaba con su aspecto, adusta y seca. - Mi nombre es Elia Feisser, Inspectora del cuerpo de policía especial de la República. - Sin responder a su mano tendida, ésta se dio la vuelta y echó a andar. Folkvanger se apresuró a ir tras la oficial. - Acompáñeme al interior, por favor, mi personal científico le está esperando, él le dará los datos. - Casi leyendo sus pensamientos, añadió. - Imagino que querrá saber por qué hemos pedido a la oficina de Dresde que contactara con usted específicamente.

-Mi campo es el de las prótesis mecánicas, y la verdad, me cuesta imaginar que una investigación policial requiera de mi experiencia. - Frunció el ceño. - Especialmente con esta urgencia.

Feisser se detuvo y le encaró, empezando a responder pero cambiando de opinión. En su lugar, se limitó a retomar el camino hacia la entrada del almacén, indicándole con un ademán que la siguiera. Sin intentar ocultar su desconcierto, y no queriendo permanecer más tiempo en la ignorancia, Folkvanger insistió:

-¿Y a qué debo esa atención por parte de la secreta?  Si puedo preguntarlo, claro. - Intentaba sonar relajado, pero una cierta inquietud era inevitable dadas las cosas que se oían por ahí… - Espero no haberme convertido en sospechoso de nada, Inspectora.

La menuda mujer llegó ante la puerta pero se apartó para dejar paso a dos agentes que salían de la nave llevando una caja sellada.

-No. Al menos, no por ahora. - Feisser le dedicó una mirada significativa y un atisbo de sonrisa ciertamente inquietante.

Sin darle tiempo a replicar, a través de la estrecha portela abierta en el más amplio y alto portón, cerrado firmemente, apareció un hombre con un atuendo blanco de laboratorio. Identificó rápidamente al recién llegado y le encaró.

-Por favor no toque nada sin avisarme antes. - El  investigador, poco más que un muchacho según pudo comprobar, le obligó sin mediar presentación alguna a hacerse cargo de todo lo que iba colocando en sus manos: un cuaderno de notas, un lápiz de grafito, un pequeño hatillo con herramientas de precisión, y por supuesto, unas gafas con un juego de lentes ajustables para poder ampliar la imagen todo lo necesario. El ojo humano ya no era capaz de tanta resolución salvo en casos aislados o mejorados mecánicamente, por supuesto. Sólo tras entregarle todo aquello le miró a la cara, casi cortante. - Sigmar Vogel. - Fue a darle la mano, pero al percatarse de que no podía estrechársela sin dejar caer algo al suelo la retiró. - Sígame. - Y desapareció en el interior.

Folkvanger miró a Feisser, pero ésta le dejó paso, así que accedió al almacén. Iluminado por la luz cenicienta que entraba por las anchas claraboyas del techo, el panorama no podía resultarle más peculiar. El interior diáfano del edificio, sólo interrumpido por algunos puntales metálicos que sostenían la celosía de acero de la cubierta, estaba ocupado por numerosos cilindros con un brillo mate y amarillento, todos ellos colocados de pie. Reconoció que probablemente estaban hechos de latón, pero lo que más le llamó la atención fueron sus dimensiones: eran más altos que él, y de hecho más altos que cualquiera que hubiera conocido. Y también mayores en diámetro. Como si fueran contenedores, más bien celdas, con el tamaño perfecto para encerrar a una persona.

El chico con el atuendo blanco de la cabeza a los pies, parte de la división técnica de Feisser, con cuyo sobrio uniforme negro contrastaba, le guió sin mayor preámbulo entre aquel bosque regular, columnas y filas perfectamente alineadas, hasta un cilindro concreto. De todos los que había contemplado, se percató Folkvanger, era el único que tenía una bombilla tenuemente iluminada en su base. Junto a ella, una compuerta permanecía abierta de la cual partían unos cables hasta una batería de plomo y ácido.

-He conseguido amplificar la señal hace poco. - Dijo Vogel.

-¿Quién está ahí? - La voz que salió por unas finas rendijas a media altura del contenedor sobresaltó al recién llegado. - Oigo a alguien. Sigmar, ¿eres tú?

-Sí, Fritz, soy yo. Te traigo compañía.
Metálica, pensó Folkvanger, como la de cualquier caja de voz de un autómata, pero tenía una espontaneidad y un timbre distintos. Tras el choque inicial, entendió por qué habían decidido llamarle a él, abriendo mucho los ojos. Sonaba igual que otro caso supuestamente único con el que estaba bien familiarizado: el de un traspaso de una mente humana a un cuerpo artificial.
Feisser vió el destello de comprensión en su cara y asintió.

-Su nombre salió a relucir en cuanto descubrimos lo que había aquí, aún sin poder confirmarlo por completo. Veo que no nos hemos equivocado.

Se refería a su relación con las investigaciones de Serena Basel, que había conseguido trasladar su propia mente a un cerebro artificial justo antes de morir. Esto, que ahora era vox populi, atraía muy a menudo atención no deseada sobre él. Su papel en aquello se limitaba a haber publicado una versión parcial, póstuma, de las notas de la científica, de acuerdo a los deseos de su única heredera. No es que fuera su fuerte, y tampoco podía considerarse al nivel de un genio como Fräulein Basel, pero al menos comprendía el proceso, que ya era algo. Bien, al menos ahora sabía sobre qué terreno pisaba, o eso pensaba. El cilindro volvió a sonar.

-Vaya, ¿es la Inspectora?

El tono de familiaridad hizo que ésta crispara un gesto de desagrado. Vogel respondió en su lugar.

-Efectivamente Fritz. Nos acompaña además un caballero de Dresde que quizá sea de ayuda. - Encaró a su superior. - ¿Tengo ya permiso para abrir la cubierta para examinar el interior? - Su voz revelaba lo mucho que le molestaba que hubieran traído a un experto estando él allí. La inspectora puso los ojos en blanco por un momento, pero dió su consentimiento.

-No, espere. - La interrupción del profesor hizo apretar la boca al joven. - Necesito algo más de contexto, si es posible. ¿De qué estamos hablando aquí? No sé de nadie que haya podido replicar el proceso de Fräulein Basel, su instrumental está a buen recaudo y las notas nunca se han publicado íntegras. Por precaución, claro.

-Es un caso con un historial bastante largo, pero lo resumiré para usted. - La Inspectora alzó un dedo. - De paso le evitaré tener que firmar más acuerdos de confidencialidad de los que ya tiene usted vigentes con el Instituto. Digamos que cuando desaparece una persona, es un problema de la policía regular. Cuando se convierte en algo masivo, intervenimos nosotros.

-¿Masivo? No tengo noticia de algo similar,... ¿aquí en Leipzig?

-Ni creo que la tenga por ser las víctimas quienes son. Pero para la justicia es bastante evidente. - Folkvanger elevó una ceja. - Docenas de mendigos han desaparecido sin dejar rastro. Más a menudo de lo que están dispuestos a reconocer, suelen actuar de soplones y confidentes sobre delitos de poca monta. Y cuando se evaporan sin más, se nota.

Y ciertamente, él no había leído nada así en los periódicos. Un escalofrío recorrió su espalda al comprender que alguien estaba… ¿experimentando con gente que nadie echaría en falta? Por un momento sintió una fuerte aprensión, pero logró sobreponerse inspirando profundamente un par de veces. Luego se dirigió a la rejilla frente a él.

-¿Fritz? ¿Puede oírme? Mi nombre es Kassius Folkvanger, soy miembro del Instituto, de Dresde.

-¡Vaya! He leído su nombre en los diarios, es el nuevo del Consejo Rector, ¿verdad? - La voz resonó desde dentro del tubo. - Me siento halagado.

-Le veo bien informado, Fritz. - Miró brevemente a Feisser y a Vogel, que se limitaron a asentir, ella más que él. - Yo en cambio no sé nada de usted, y para ayudarle me haría falta saber todo lo posible.

-Claro, ¿por dónde empiezo? He hecho de todo. He esquilado ovejas, he sido guardaespaldas, he vendido zapatos, he ido a la guerra y he vuelto con menos yo que cuando marché. - Dijo aquello con sorna. - Pero imagino que lo que quiere saber es del tema de las desapariciones.

-Si es tan amable…

-Ellos vinieron a verme, y yo fui por mi propio pie, ¿eh? - Soltó una risotada metálica que sorprendió a todos. - Eso se supone que tiene gracia, ¿saben? Me faltaba una pierna e iba con muletas. - Rezongó por lo bajo. - El caso es que ellos…

-¿Quiénes, Fritz? - Feisser intervino, ansiosa de tener una nueva pista que perseguir.- ¿Quiénes son ellos?

-Ah, Inspectora, ¿y cómo lo iba a saber yo? Cuando les ví, lo único que tenía claro es que eran los mismos que estaban llevándose a la gente de las calles. A los mendigos como yo, al menos, así que me puse en guardia, dispuesto a darles duro. Pero qué va, si eran muy razonables. Me ofrecieron volver a andar sin apoyos. Les dije que no podía pagarme una pierna nueva, ¿eh?, pero no les importaba el dinero…

-Fritz, ¿qué me puede contar de lo que pasó entonces? Da igual que no lo entendiera...

-El coche era de los buenos, y me llevaron a un hospital en la zona de los lagos. - Ambos miraron a la Inspectora, pero ésta ya había salido corriendo para dar órdenes nada más oírlo. A Fritz no pareció importarle - Allí me ofrecieron una silla de ruedas y me llevaron ante un médico. Muchas preguntas, firmé algunos papeles, parecía que todo era normal, se veía un sitio bueno, ¿eh?, para gente con dinero. Y prácticamente del tirón me llevaron al quirófano. Me dijeron que tardaría un tiempo en despertarme del éter, que como era una operación novedosa tenían que sedarme del todo.
Folkvanger hizo un gesto de disgusto al comprender que Fritz no había visto nada del proceso. En esto regresó Feisser a la carrera.

-¿Han averiguado algo más de este cerebro de latón?

-Platino. - Los dos la corrigieron a la vez, y Vogel matizó. - Los cerebros de los autómatas son de platino.

La voz del cilindro sonó dolida.

-¿Eso es lo que soy ahora? ¿Un montón de chatarra? Ya me imaginaba que algo no estaba saliendo como esperaba, ¿por qué no veo nada todavía?
Folkvanger se fijó en el frontal del cilindro hacia el que hablaban e identificó los tornillos que afianzaban una placa bastante grande del recubrimiento.

-Vamos a comprobarlo, Fritz. - Sigmar sacó un destornillador del calibre adecuado y se lanzó a quitar la pieza, ansioso por pasar a la acción, mientras el otro seguía hablando. - Seguro que podemos conectar un juego de ojos de los que se usan para… - Pero se detuvo en mitad de la frase al ser retirado el trozo de metal.

-¿De los que se usan para qué? - Inquirió la voz.

La Inspectora con la boca tapada, Vogel con un gesto de asombro, y el profesor con uno de incredulidad, callaron durante unos largos segundos hasta que éste último logró articular una respuesta.

-Fritz… creo que va a ser un poco más complicado de lo que pensaba.

Frente a ellos no se encontraba la matriz de platino conectada por cables que habían esperado. En su lugar se hallaba una gran vasija de cristal llena de líquido, y en su interior, lo que todos reconocieron como un cerebro humano.

21 de agosto de 2017

La aprendiz de automatista

En un pueblo del sur de Francia vivía una chica llamada Victorique, que por las mañanas iba al colegio y por la tarde ayudaba a un viejo automatista en su taller a las afueras. Allí aprendía poco a poco el oficio viendo al hombre crear y reparar máquinas y mecanismos, y soñaba con ser un día una afamada constructora de autómatas, personas de metal que podían llevar a cabo cualquier trabajo sin rechistar. Sin embargo, por más que ella le pedía que le permitiera probar lo mucho que sabía, su maestro no le permitía aún tocar los delicados engranajes y palancas. No estás preparada, le decía, y ella se tenía que conformar y ser paciente.

Pero sucedió un día que el automatista tuvo que marchar a la ciudad para buscar un repuesto del que no disponía para la bomba que extraía agua del río y la llevaba hasta el depósito de su taller, una tinaja tan grande que había que subir al piso de arriba para alcanzar su boca. El maestro pidió a Victorique que ocupara su tarde en acarrear cubos de agua desde la orilla para poder encender la caldera de vapor, para que a su regreso pudieran recuperar el trabajo atrasado. Sólo estaré fuera unas horas, le advirtió, pero es muy importante que cumplas esta misión que te encargo.

Sin embargo, Victorique era impaciente y estaba convencida de ser tan buena como su maestro, y antes de que el automotor de éste desapareciera en un recodo del camino y sólo se viera de él un penacho de humo blanco, ya había corrido hasta el cobertizo cercano al taller. No iba a encargarse ella de un trabajo tan laborioso y cansado como llevar cubos de agua cuando podía activar a un autómata para que lo hiciera él. Así pues, puso manos a la obra, y se dirigió al panel desde donde se daba órdenes a aquellas máquinas que parecían personas. Esto va a ser muy fácil, pensó ella, y cuando mi maestro regrese, seguro que reconocerá lo mucho que he aprendido.

Poco tiempo después, el primer autómata de la fila se puso en marcha, primero una pierna, luego la otra, y esperó obediente a que Victorique le diera sus órdenes. La chica no tardó en entregarle dos grandes barreños y guiarle hasta el río. Coge tus cubos y llénalos en la orilla, le mandó. Una vez lo hizo, abrió camino hasta la casa del automatista, situada en la planta de arriba del taller, subiendo por la escalera exterior. Echa el agua en la tinaja, le indicó a continuación, y luego repite hasta que te indique que te detengas. Desde allí mismo, la chica contempló cómo el hombre de metal salía de la casa camino del río, y se dirigió contenta al taller de la planta baja. Se acomodó en un viejo sofá que su maestro tenía allí para descansar entre placas de metal, cajones llenos de piezas y herramientas por todas partes, y en un momento había caído dormida, satisfecha por haber tenido la gran idea de usar al autómata.

Los resortes y ruedas del sirviente le guiaron sin falta una vez más hacia el río, pasando por delante del cobertizo donde había dormido junto a sus hermanos. Sin embargo, Victorique había sido descuidada, y no sólo había despertado a uno de ellos, sino a todos los que allí había. Y como los había dejado sin órdenes que cumplir, éstos rápidamente decidieron copiar las que estaba cumpliendo su compañero metálico. Los autómatas no tenían cubos a su alcance, así que cogieron toda cubeta, barreño, palangana y recipiente que encontraron a su alrededor y formaron una procesión que constantemente bajaba hasta el arroyo, cargaba agua, subía hasta la cocina de la casa, la echaba en el depósito y luego repetía el camino, una y otra vez. ¡Qué visión tan asombrosa, y qué susto se iba a llevar la chica al despertar!

Y es que, mientras Victorique soñaba plácidamente en la butaca de su maestro, los autómatas colmaron la gran tinaja de la cocina, y no habiendo recibido ninguna orden de su ama, siguieron repitiendo su labor sin cansarse ni un poco. El agua caía de sus cubos y cubetas, se derramaba puesto que ya no cabía ni una gota más, y luego corría por la empinada escalera que bajaba directa de la cocina al taller. Era tanta agua la que se desbordaba, que formó una cascada que rápidamente comenzó a inundar el piso de abajo. Y como las puertas y ventanas estaban cerradas, pronto el taller se convirtió en una piscina en la que flotaban cajas y libros, e incluso el viejo sofá donde dormía la chica.

Sobresaltada por el movimiento, Victorique despertó asustada, descubriendo que su lugar de trabajo estaba lleno de agua y que un torrente imparable bajaba desde el piso de arriba. Corrió hacia la puerta principal para abrirla y dejar que el lugar se vaciara, pero sus pies se resbalaban en el suelo embalsado y no podía mover el pesado cerrojo. Desesperada, intentó subir la escalera para escapar y dar la orden de parar a la fila de autómatas que veía por los cristales repetir una y otra vez su recorrido del río a la cocina y de la cocina al río, pero el agua bajaba con tanta fuerza que podía con ella y la llevaba de vuelta al taller.

En ese momento, el automatista regresó de la ciudad en su automotor, y aunque desde lejos le sorprendió ver la procesión de aguadores ir y volver de su casa, no fue hasta que se acercó que descubrió que el agua se escapaba de su taller por todo agujero y grieta en la paredes, por toda junta en la puerta, y por todo cristal roto en sus ventanas. Comprendiendo rápidamente que aquello era obra de Victorique y que podía estar en peligro al no verla, gritó a todos los autómatas que se detuvieran, corrió hasta la entrada, agarró un gran hacha que tenía allí para cortar leña, y de un tajo rompió el cerrojo. La puerta se abrió de golpe y el taller se vació en un instante, arrastrando consigo todo lo que allí había. La última en salir, ya que se había agarrado a la pesada caldera, mojada hasta la cabeza y con la mirada fija en el suelo, avergonzada, fue su joven aprendiz.

Su maestro no tenía que preguntarle qué había sucedido, y ella no tenía que decir nada para que éste supiera que había sido culpa suya. Temiendo que, enfadado, le ordenara irse para no regresar nunca, esperó a que el automatista mandara a los hombres de metal que se fueran a su cobertizo, y vió cómo éste regresaba de allí con una escoba en la mano. Has aprendido mucho, le dijo, pero aún no lo suficiente. Antes de mandar a una máquina que haga tu trabajo, tienes que estar preparada. La miró severo, pero lo único que hizo con la escoba fue entregársela a ella. Ahora ve y empieza a arreglar el taller, tenemos muchos encargos que completar hoy.

Y así fue como Victorique aprendió que la arrogancia es un gran defecto, y que la paciencia es una gran virtud.

En homenaje a Goethe, Dukas y Disney.